Si no lo sabéis aquí os lo digo: la crisis está promocionando un nuevo turimo, el de la propia ciudad. Rutas imaginativas e historiadas por barrios y leyendas, en pequeños grupos, para darse tiempo a conocer la ciudad en que vivimos: el espacio y sus historias.

Realicé la ruta del barrio de Gràcia, en Barcelona, que aprovecho para recomendaros vivamente. Casi tres horas de paseo matinal por sus plazas mientras Joan nos contaba las razones de su fisonomía: por qué tiene tantas plazas, por qué cambian sus calles de nombre, qué le pasó a la virreina y, en fin, apúntate para saber más. Hacer de guiri en la propia ciudad fue como pegarse un breve viaje.

Bomb invader de laverrue

Bomb invader de laverrue

¿Son las redes una evolución del asociacionismo?

La ruta nos sumergió en el refugio antiaéreo de la plaça de la Revolució, una verja oxidada en el muro de la planta -4 de su aparcamiento subterráneo. No trataré de explicar lo que debió ser estar ahí debajo horas y horas, uf. Pero sí cómo se construyeron esos refugios.

Pues bien, son privados. Producto de la asociación de los vecinos, que pusieron cada uno su parte de dinero para pagar a unos paletas (¡eran tiempos sin arquitectos!) que construyeran el refugio, con la ayuda de todos. Los niños, a la salida del colegio, jugaban a sacar capazos de tierra con que cubrían la plaza, para profundizar el refugio cavando por abajo y tapando por arriba. Durante los bombardeos sólo podían refugiarse los vecinos y algún transeúnte que pillara por ahí. Cuando cesaba la alarma, el refugio se cerraba con llave.

A Gràcia se le considera el barrio del asociacionismo. Poco antes habíamos pasado frente al Cercle, una asociación sociocultural y deportiva privada desde 1903, “para el aprovechamiento creativo del tiempo libre y el enriquecimiento personal y colectivo”, es decir, un lugar donde encontrarse los vecinos. A su vez, algo me llamó la atención: la entidad servía en sus tiempos para prestarse dinero entre sus miembros, función que acabó siendo prohibida y derivada a los bancos (y que ahora renueva Internet, añadamos).

En la moto, que es mi lugar creativo predilecto, de vuelta, las impresiones de la mañana me llevaron a un gran pregunta. En la década de las redes sociales… ¿qué estamos haciendo con ellas?

¿Servirían nuestras redes sociales para protegernos de las bombas?

(* Nota: los dos años que viví en Gracia lo hice en un edificio de cuatro piso cuyo ascensor funcionaba con llave. Como el propietario de mi piso no había querido pagar, subí siempre a pelo todo lo que llevara, grande o pequeño, ante la indiferencia de los vecinos que nunca me ofrecieron un ascenso cuando nos cruzamos en la entrada. Estas y otras anécdotas me convencieron entonces de que el asociacionismo (la pertenencia al club) tiene un enorme lado oscuro que puede convertir a sus miembros en grandes avaros de sus “privilegios”).